Las Zonas de Bajas Emisiones en Canarias

Aunque los alisios y la apertura al atlántico de nuestro archipiélago aminoran la percepción de contaminación y falta de calidad del aire de nuestras ciudades, Canarias no puede quedar al margen de la lucha contra el cambio climático y contra la contaminación general y más si tenemos en cuenta la necesidad de nuestras islas de venderse como un destino verde para los turistas, cada vez más concienciados ambientalmente.

Desde luego, no existe una medida “mágica” que logre este objetivo por sí sola. Cada día es mayor la preocupación por el transporte público, como denotan la medida de la gratuidad implementada el año pasado o el relanzamiento del proyecto del tren en Gran Canaria. Asimismo, en ciudades como Las Palmas de Gran Canaria se ha apostado claramente por la promoción de los transportes blandos, como la Sítycleta y la Sítyneta (eléctrica) o el impulso de un transporte colectivo de alta capacidad, como la Metroguagua. Pero esto no basta: en el ambicioso objetivo de mejora continua de nuestra sostenibilidad, Europa y el Estado nos han lanzado (a través de su normativa) un nuevo reto para las ciudades de más de 50.000 habitantes: las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE).

¿Pero qué es una ZBE?. Una Zona de Bajas Emisiones es un entorno continuo donde se intenta mejorar la calidad de vida de los vecinos y vecinas a través de la regulación del tránsito y aparcamiento de los vehículos, así como la toma de medidas en favor de un uso prioritario de los espacios para los peatones. El objetivo es reducir las emisiones contaminantes y otros aspectos molestos para los y las residentes, como el ruido.

Hay que aclarar que la normativa no prohíbe ni restringe el paso y acceso de los vecinos y vecinas, sino el flujo de tránsito y de aparcamiento de vehículos contaminantes externos al barrio. Tampoco se restringe el acceso a los aparcamientos y a los servicios públicos (o de carga y descarga).

En este momento, los distintos ayuntamientos están desarrollando sus proyectos y ordenanzas de ZBE, a las que obliga la normativa y que desarrollarán la temporalidad y las características propias de cada ciudad y de cada zona elegida.

Efectivamente, la calidad del aire en Canarias no está en alerta roja. Según la Red de Vigilancia y Control de la Contaminación Atmosférica (RVCCA) gestionada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España, los datos sobre la calidad del aire en Canarias (concentración de partículas PM2.5) son preocupantes sólo en algunos puntos negros de Arrecife, Puerto del Rosario, San Sebastián de la Gomera, zona industrial del sur de Tenerife y el entorno de las vías más saturadas de Santa Cruz y Las Palmas de Gran Canaria. No obstante, no se pueden olvidar dos peculiaridades de nuestra comunidad, la cada vez más creciente calima que inunda nuestras islas y genera muchas molestias respiratorias y de calidad del aire, y que el cambio climático está haciendo más habituales y permanentes y por otro lado, el carácter turístico de nuestro archipiélago que hace que la implementación de las ZBE envíe un mensaje poderoso sobre el compromiso de Canarias con la sostenibilidad ambiental. En este sentido, es hora de liderar el camino y inspirar a otros destinos turísticos a seguir nuestro ejemplo.

Aunque habrá desafíos en las distintas ciudades, los beneficios a largo plazo de un entorno más saludable superarán cualquier inconveniente inicial. Es esencial abordar las preocupaciones locales y proporcionar apoyo a través de medidas como incentivos fiscales y mejoras en el transporte público. Canarias tiene un enorme potencial para la movilidad más limpia e inteligente, pero se necesitan políticas concretas para impulsar esta transición hacia un futuro más sostenible.

Artículo publicado en “La Provincia” el 23 de febrero de 2024

En defensa de los guardianes invisibles del medio ambiente

En el vasto y complejo tejido de la naturaleza, los insectos desempeñan un papel fundamental y, a menudo, subestimado. Estos pequeños seres, aparentemente insignificantes, son los verdaderos guardianes invisibles del medio ambiente, desempeñando roles cruciales en los ecosistemas que sustentan la vida en la Tierra. Sin embargo, en las últimas décadas, la población de insectos ha experimentado un declive alarmante, lo que plantea una seria amenaza para la salud de nuestro planeta. Es imperativo reconocer la necesidad apremiante de proteger a estos diminutos pero poderosos aliados para salvaguardar la biodiversidad y mantener el equilibrio ecológico.

Los insectos, con su asombrosa diversidad, son esenciales para la biodiversidad global. Como polinizadores, desempeñan un papel vital en la producción de alimentos. Alrededor del 75% de los cultivos alimentarios del mundo dependen en cierta medida de la polinización, y los insectos, como abejas y mariposas, son actores clave en este proceso. Sin su incansable trabajo de transporte de polen, la producción de frutas, verduras y nueces se vería gravemente afectada, lo que tendría consecuencias directas en la seguridad alimentaria mundial.

Además de su papel en la polinización, los insectos también son esenciales en la cadena alimentaria. Son una fuente vital de alimento para numerosas especies, desde aves hasta mamíferos, contribuyendo así a la rica red trófica que sustenta la vida en la Tierra. La pérdida de insectos tendría un efecto dominó, afectando a todas las capas de la cadena alimentaria y provocando desequilibrios que podrían resultar irreparables.

Mariposa del Teide, en peligro de extinción.

También los insectos desempeñan un papel crucial en el control natural de plagas. Muchas especies de insectos actúan como depredadores de plagas agrícolas, manteniendo a raya poblaciones que, de lo contrario, podrían dañar cultivos y afectar la producción de alimentos. La dependencia excesiva de pesticidas químicos en la agricultura ha demostrado ser perjudicial no solo para los insectos sino también para otros organismos y para la salud humana. La preservación de las poblaciones de insectos beneficiosos ofrece una alternativa sostenible y respetuosa con el medio ambiente para el control de plagas.

Otro servicio ecológico esencial proporcionado por los insectos es su participación en los ciclos de descomposición. Los escarabajos, las moscas y otros insectos descomponedores desempeñan un papel crucial al descomponer materia orgánica en nutrientes esenciales que vuelven a ingresar al suelo. Este proceso es fundamental para mantener la fertilidad del suelo y garantizar el crecimiento saludable de plantas y cultivos.

A pesar de su importancia vital, los insectos enfrentan amenazas significativas que han llevado a su drástica disminución en todo el mundo. La pérdida y degradación del hábitat debido a la expansión agrícola, la urbanización y el cambio climático son factores cruciales que afectan a las poblaciones de insectos. El uso indiscriminado de pesticidas y la contaminación del agua y del aire también contribuyen a su declive, además, la introducción de especies invasoras y la propagación de enfermedades han llevado a la disminución de poblaciones de insectos. Si no se abordan estas amenazas de manera efectiva, podríamos enfrentarnos a consecuencias devastadoras para la salud de nuestro planeta.

Canarias no escapa a esta preocupación. Investigaciones recientes han señalado que varias especies endémicas de insectos se encuentran en riesgo debido a la pérdida de hábitat y al cambio climático. La mariposa del Teide, por ejemplo, es una especie icónica que enfrenta desafíos significativos.

En última instancia, la protección de los insectos es una cuestión que va más allá de su tamaño diminuto. Son los guardianes invisibles del medio ambiente, los arquitectos silenciosos de la biodiversidad y los colaboradores esenciales en la sostenibilidad de la vida en la Tierra. Reconocer y abordar la crisis que enfrentan los insectos no solo es una responsabilidad ambiental, sino una necesidad urgente para garantizar nuestra propia supervivencia en este delicado equilibrio ecológico. La protección de los insectos es la protección de la vida misma.

La invasión silenciosa de Canarias

Existe una invasión que ha ido creciendo en los últimos años y de la que no se habla demasiado (por lo menos lo suficiente) y que nos afecta a todos y todas más de lo que creemos.

Nuestro archipiélago es conocido por su excepcional biodiversidad y belleza natural, se enfrenta a un desafío silencioso pero devastador: la invasión de especies de fauna exóticas. A lo largo de los años, numerosas especies de animales no nativos han sido introducidas en las islas, lo que está generando graves consecuencias para el ecosistema canario.

Las especies de fauna invasoras son aquellas que han sido transportadas de manera intencionada o accidental fuera de su área de distribución original y que, una vez establecidas en un nuevo entorno, tienen la capacidad de propagarse y multiplicarse rápidamente, compitiendo con las especies endémicas y alterando el equilibrio del ecosistema. Estas invasiones suelen tener efectos devastadores, tanto para la biodiversidad local como para la economía y el bienestar humano.

El problema de las especies invasoras en Canarias tiene diversas causas. Una de las principales es la actividad humana, que ha sido responsable de la introducción no intencional de muchas especies exóticas. La globalización del comercio y los viajes ha facilitado el transporte de animales y plantas desde distintas partes del mundo, y algunas de estas especies han logrado establecerse en el archipiélago canario, desplazando a las especies autóctonas y alterando los ecosistemas locales.

Otra causa importante es el abandono de mascotas exóticas. Muchas personas adquieren animales exóticos como mascotas sin ser conscientes de las consecuencias que esto puede tener. Cuando estas mascotas se vuelven demasiado grandes o complicadas de mantener, algunas personas optan por liberarlas en la naturaleza, lo que puede desencadenar una invasión silenciosa. Este comportamiento irresponsable ha llevado a la introducción de especies como iguanas, serpientes y tortugas que ahora compiten con las especies locales por recursos y hábitats, alterando drásticamente el equilibrio natural.

Las especies invasoras compiten con las especies canarias por alimentos, espacio y en muchos casos, las superan debido a la falta de depredadores naturales en su nuevo entorno. Esto puede conducir a la disminución o incluso la extinción de especies autóctonas, lo que afecta negativamente a la biodiversidad y puede generar desequilibrios en las cadenas alimenticias.

Un ejemplo preocupante es el caso del lagarto gigante de Gran Canaria (Gallotia stehlini), una especie endémica en peligro de extinción que se enfrenta a la competencia y depredación por parte de ratas o serpientes invasoras o por los gatos asilvestrados. La presencia de estos invasores representa una amenaza significativa para la supervivencia de esta especie icónica.

Además, algunas especies invasoras son portadoras de patógenos o enfermedades que pueden afectar tanto a la fauna autóctona como a los seres humanos. Esto representa un riesgo para la salud pública y puede tener consecuencias económicas significativas si afecta a actividades como el turismo o la agricultura.

Canarias alberga una variedad de especies invasoras que han tenido un impacto significativo en el ecosistema local. Según “Ciencia Canaria”, ya se han registrado más de 200 especies invasoras (o potenciales) en las islas. Algunos ejemplos son la culebra real de California, las ratas negras, las iguanas, las cotorras de Kramer, las tortuguitas de Florida, y un sinfín de especies de reptiles. Especial significado tiene el reciente descubrimiento en Tenerife del caracol gigante africano que es una de las 100 especies invasoras más peligrosas de todo el planeta por los daños que puede causar a la vegetación local y algunos científicos resaltan que puede llegar a transmitir la meningitis al ser humano.

Las principales medidas de control y prevención contra las especies de fauna invasoras en Canarias deben incluir una combinación de enfoques, tanto a nivel insular como autonómico. Estas medidas son fundamentales para proteger la biodiversidad y los ecosistemas de las islas.

Por supuesto dentro de esta combinación de medidas es fundamental mejorar la regulación sobre importación y posesión de especies exóticas invasoras como mascotas, así como sanciones para quienes incumplan estas disposiciones, así como un trabajo mayor de prevención en puertos y aeropuertos. Por supuesto, hay que sumar a ello un trabajo de vigilancia y detección temprana y una investigación y el monitoreo constantes son fundamentales para comprender la dinámica de las especies invasoras y su impacto en el ecosistema.

Otras posibles medidas son la restauración de hábitats, la reintroducción de nuestras especies y la restauración de la vegetación autóctona pueden ayudar a restablecer el equilibrio del ecosistema.

En casos en los que las especies invasoras ya están establecidas y causan un daño significativo, se deben desarrollar planes de control de poblaciones (con el debido apoyo científico). Estos pueden incluir métodos como la caza selectiva, la captura y el control biológico, siempre garantizando (en lo posible) el bienestar de los animales involucrados.

Además la educación ambiental es clave para prevenir la introducción de nuevas especies invasoras y fomentar prácticas responsables. Las campañas de concienciación deben dirigirse tanto a la población canaria como a los turistas, para que comprendan los riesgos asociados con las especies exóticas y la importancia de preservar la biodiversidad canaria. También sería interesante que las administraciones pudieran ofrecer incentivos y subvenciones a aquellos propietarios de terrenos o comunidades locales que colaboren en la gestión y control de especies invasoras. Estos incentivos pueden promover la participación activa de la sociedad en la protección del ecosistema.

En este sentido es loable, aunque siempre mejorable, el trabajo en los últimos años de los técnicos del Cabildo de Gran Canaria en esta materia con el desarrollo del Plan Insular de Especies Exóticas Invasoras (PIEEI) que se basa en la colaboración entre diferentes instituciones y actores, y contempla medidas como la vigilancia, la sensibilización ciudadana y la erradicación de especies invasoras, así como la consolidación del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre.

En conclusión, el problema de las especies de fauna invasoras en Canarias es un desafío que requiere una respuesta integral y coordinada con la necesaria colaboración de la sociedad civil y de la educación cívica de nuestra población.

Agenda 2030: el camino necesario contra la paranoia de extrema derecha

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible fue adoptada por las Naciones Unidas en 2015, esta agenda establece metas ambiciosas para abordar los desafíos globales más apremiantes. La Agenda es un marco integral y ambicioso que abarca 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que van desde la erradicación de la pobreza y el hambre hasta la acción climática y la igualdad de género. Estos objetivos proporcionan una guía clara y unificada para que los gobiernos, las organizaciones y las personas trabajen juntos en la búsqueda de un futuro más sostenible y equitativo. Sin embargo, la extrema derecha ha expresado críticas hacia esta agenda, alegando que socava la soberanía nacional y promueve una agenda globalista, cuestión esta que enlaza con otros grupos conspiranoicos que hablan de grupos globales que están usando los ODS para ampliar los beneficios y el control de determinadas empresas sobre el poder político, como si esto fuera algo novedoso impulsado recientemente. Desde la caída del bloque soviético, en los años 90 del pasado siglo, la globalización y “concentración” de las empresas multinacionales ha ido creciendo y creciendo sin la necesidad (sino más bien lo contrario) de hacer ningún tipo de “green whasing”.

Es importante señalar que la Agenda 2030 fomenta una colaboración global y la participación de todos los actores relevantes, incluidos los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado. Esta inclusión y cooperación son fundamentales para abordar los desafíos complejos que enfrenta nuestro mundo. Sin embargo, la extrema derecha ha tratado de desacreditar estos esfuerzos, alegando que la agenda busca imponer un gobierno mundial y erosionar la identidad cultural de las naciones.

La sostenibilidad y la resiliencia son principios fundamentales de la Agenda 2030. El objetivo es lograr un desarrollo económico y social equitativo sin comprometer los recursos naturales y los sistemas que sustentan nuestra existencia. Sin embargo, algunos sectores de la extrema derecha han argumentado que esta agenda descuida la importancia del crecimiento económico y pone en peligro los intereses económicos de las naciones.

Es importante reconocer que la Agenda 2030 no es perfecta y que enfrenta desafíos en su implementación. Algunos críticos han señalado la complejidad y la falta de claridad en cuanto a los mecanismos de financiamiento y seguimiento de los ODS. Estas críticas constructivas son válidas y deben ser abordadas para asegurar el éxito de la agenda. Sin embargo, la postura de la extrema derecha va más allá de estas críticas legítimas y se basa en la desinformación y el rechazo ideológico a la cooperación internacional. En definitiva, utiliza tácticas de miedo y manipulación para desacreditar los esfuerzos destinados a luchar contra el cambio climático. Debemos tener pensamiento crítico para abordar toda la (des)información que nos llega a través de las redes sociales y seguir defendiendo la necesidad de luchar contra el cambio climático y por un mundo mejor.

La emergencia climática, su doble negacionismo y el Cabildo de Gran Canaria

A lo largo de toda la vida, desde los 18 años, he estado vinculado de una forma u otra al ecologismo. Hace treinta años abundaba el negacionismo sobre el cambio climático. Me hice “adulto” escuchando a bastantes políticos y muchos ciudadanos diciendo que era simplemente una invención y una exageración de nosotros, los ecologistas. Esta visión ha ido rebajando poco a poco sus adeptos, y ya muy pocos la reivindican, con la única excepción últimamente de la ultraderecha que se ha apuntado con Trump y Bolsonaro al discurso negacionista.

Por otro lado, ya hace unas décadas, nos encontrábamos con discursos que primaban la defensa de la avifauna contra el impulso de la energía eólica, y sobre todo un discurso apocalíptico, que nos decía que era imposible “reformar” el capitalismo y que era inminente la caída y derrumbe del sistema. Esta vertiente, liderada en el estado español, por Pedro Prieto hacía (y hace) un voraz ataque a las energías renovables y pronosticaba que el petróleo estaría prácticamente agotado en unos pocos años (en torno al año 2020!!). La única alternativa, para muchos de ellos, es el “decrecimiento” y el fin del capitalismo, sin saber muy bien qué es lo que lo sustituiría. En definitiva, una especie de parálisis total, que considero que lo único que provoca en la ciudadanía es una huida hacia adelante y un “salvese quien pueda”. He oído a algunas personas después de escuchar este discurso decir: “¿si el mundo va a colapsar, de todas maneras, para que voy a hacer algo por el planeta?. Seguiré poniendo el aire condicionado a toda mecha y yendo en mi coche privado….”.

Por supuesto que la eficiencia, el ahorro energético y una sociedad muchas más compensada en los niveles de consumo es absolutamente necesaria, pero tampoco podemos quedarnos sentados hasta que el colapso nos sorprenda. Además de todas estas medidas, debemos construir unas sociedades más adaptadas y preparadas para el cambio climático. Unas sociedades que a través de sus gobiernos y de la concienciación de su ciudadanía intente mitigar, adaptarse y luchar para que la creciente crisis climática no nos extermine. Mientras continuamos la lucha contra el negacionismo por parte de sectores políticos y de algunos estados, debemos construir alternativas (que en mayor o menor escala) nos ayuden a transformar una parte de nuestra realidad.

Momento del coloquio organizado por la Cadena SER entre Antonio Morales y Pere Estupinyá

Por todo ello, no puedo estar más de acuerdo con las conferencias que impartieron en el día de ayer, el investigador científico catalán, Pere Estupinyá, y el Presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales. Este Cabildo ha realizado un esfuerzo inconmensurable en desarrollar una eco-isla que no se queda en el cartel publicitario, sino en un compromiso en acciones inmediatas que han puesto a la isla en el buen camino. Un camino difícil y complejo, pero realizable.

En primer lugar el desarrollo clave del proyecto del “Salto de Chira”, que se convertirá en una herramienta fundamental para poder almacenar energía y lograr que la penetración de las energías renovables pueda superar el 50%. Se trata de una central única en el mundo, que mediante un salto de agua entre las presas de Chira y Soria almacena el excedente de energía renovable que ahora no se utiliza y que nos permitirá aumentar la penetración de energías renovables. El agua se desalará en Arguineguín y se impulsará hasta las presas, generando además de esta manera 700.000 metros cúbicos de agua anuales, para el desarrollo del sector primario, la reforestación y la lucha contra los incendios forestales. Permitirá una fuerte reducción de las emisiones contaminantes de dióxido de carbono y la reducción de las importaciones de combustibles fósiles ahorrará 122 millones de euros anuales de los costes de generación de energía en nuestra isla.

Pero los avances no sólo se fundamentan en este proyecto sino en el desarrollo de una estrategia insular de adaptación al cambio climático e impulso de una economía baja en carbono en Gran Canaria, lo que convierte al Cabildo de Gran Canaria en la única institución de Canarias que cuenta con un plan de adaptación al cambio climático.

Esta estrategia que plantea más de 35 soluciones concretas, adaptadas al territorio, cuantificadas económicamente y que el Cabildo ya ha puesto en marcha y se desarrollarán hasta el 2030. Estas medidas tienen como prioridad la conservación ambiental y el impulso del sector primario sostenible; la transición energética y la gestión del agua, la economía circular, la movilidad sostenible y la adaptación de infraestructuras públicas, así como la necesaria coordinación entre administraciones y la participación ciudadana. Es imposible aquí desarrollar todas las medidas, pero algunos ejemplos muy interesantes son la reforestación de más de 160.000 árboles (con hincapié en la laurisilva), el pastoreo controlado para la prevención de incendios, la restauración natural del litoral con riesgo de inundaciones marinas, control de residuos y economía circular, etc.

Desde mi punto de vista el reto mayor que tiene nuestra eco-isla es revertir la situación actual de la movilidad, que genera más del 60% de nuestra contaminación. No sólo basta con las medidas valientes que están tomando algunos municipios, como Las Palmas de GC, para fomentar los transportes blandos, sino que el Cabildo junto con el Gobierno de Canarias debe apostar más todavía para “descarbonizar” el transporte entre los centros neurálgicos de la isla, las vías del norte y la GC-1. Los carriles BUS-VAO y/o el tren se deben incorporar cuanto antes a las mejoras que se han promovido en la red de transporte colectivo con la rebaja de los bonos que ha logrado subir más viajeros a las guaguas.

Como dijo el Presidente del Cabildo ayer y repiten muchas personas de bien en la actualidad, somos la primera generación que es consciente plenamente de la emergencia climática pero quizás sea la última que este a tiempo de poder hacer algo. Por ahora Gran Canaria lo está haciendo.

De Moby-Dick al cambio climático…

Crecí en los años 80, y como muchos niños y jóvenes de nuestra generación me vi influenciado por películas como Moby-Dick y otras que trataban de la captura y persecución de las grandes ballenas, y sobre todo de las imágenes de aquellos valientes activistas ecologistas que intentaban parar los “balleneros” japoneses o noruegos, y que por desgracia, aunque ya no tenga tanta repercusión mediática, lo siguen haciendo algunos países saltándose la moratoria internacional de caza.

Los cetáceos son animales que fascinan a muchas personas, y el que les escribe no es una excepción. La majestuosa ballena azul, la orca o los mismos delfines siempre me han atraído, no sólo por su belleza y fortaleza sino por su amplio y complejo comportamiento social.

En especial me atrae el animal más grande que existe, que es un cetáceo, la ballena azul. Estos ejemplares suelen pesar más de cien toneladas y tienen una longitud de unos 25 metros. Debido a la caza, la población de ballenas azules, que se contaba por cientos de miles, disminuyó durante muchos años, hasta que a mediados de la década de 1960, al borde de su extinción, se inició su protección. Se considera que es el animal más grande que ha existido en el planeta Tierra. Y es que puede llegar a medir 33 metros de largo, mientras que los dinosaurios más grande de los que se tiene conocimiento hasta ahora no solían pasar de los 26 metros.

Pero por desgracia, no sólo la pesca masiva es uno de los grandes problemas de estas especies, sino que en los últimos años se han sumado problemáticas que hacen que la situación pueda deteriorarse aún más. Quizás lo más conocido, además de la pesca, sea el consumo de basuras marinas y la contaminación general de los océanos. Las basuras marinas son un creciente problema de contaminación en nuestros mares. Sus principales impactos en los mamíferos marinos son el enmallamiento que puede dar lugar a asfixia o estrangulamiento y el consumo, que puede obstruir el tracto intestinal de estos animales causando sensación de saciedad y disminuyendo su ingesta de comida con el consecuente deterioro de su condición y muerte en algunos casos. Además la contaminación de componentes químicos tiene un mayor impacto en estas especies por su alta longevidad (pueden llegar a los 70 años) que les hace “acumular” más concentraciones tóxicas.

No son solo estos peligros los que se esconden en el hábitat marino de los cetáceos. Existen más problemas, que aunque posiblemente de menor importancia (numérica), suman más incertidumbre al futuro de estas especies.

Hay que destacar el “ruido” submarino y las colisiones con embarcaciones. En Canarias tenemos buenos ejemplos de lo que significa estos peligros para cachalotes, delfines o zifios. Recordemos las múltiples colisiones de los medios de transporte marítimos que hemos tenido entre islas. El denso tráfico marítimo está organizado en dispositivos de regulación de tráfico, no obstante nuestras islas cuentan con importantes puertos, un gran número de embarcaciones recreativas y líneas regulares de transporte de pasajeros que viajan a velocidades superiores a 35 nudos. Se ha determinado que entre 1991 y 2007 el 11% de los varamientos en nuestras islas se debía a colisiones con embarcaciones. Con respecto al ruido se hicieron tristemente celebres la afección sobre nuestra fauna marina de las maniobras militares en las costas de Fuerteventura y Lanzarote en 2002 que dejó un saldo de casi una veintena de zifios muertos.

Es indudable también la mala influencia de ciertas prácticas de turismo de avistamiento, de la reclusión de animales en “atracciones” como los delfinarios o de algunas malas prácticas con respecto a la acuicultura. Por ejemplo, hace unos 15 años se produjo en el sur de Tenerife una importante interacción de los delfines mulares con las granjas de piscicultura de dorada y lubina. Los operarios de las instalaciones alimentaban directamente a los mulares que contaban así con una fuente de alimentación cómoda y estable, pero muy distinta de su dieta en condiciones naturales. Los delfines modificaron su distribución, alejándose de su zona y permaneciendo de forma habitual en las inmediaciones de estas instalaciones. Al constatar su presencia continua en la zona, barcos de todo tipo se acercaban a ver a los delfines. La instalación quebró en 2008 y al poco tiempo, las poblaciones de delfines mulares volvieron a ocupar su distribución original. Posiblemente, el poco tiempo que se mantuvo la interacción previno que se produjeran consecuencias más graves a nivel poblacional, pero sin duda son evidentes los peligros de esta práctica.

Pero seguramente el peligro mayor al que se enfrentan los cetáceos es el cambio climático. Esta consecuencia del desarrollismo sin medida humano está alterando las condiciones ambientales de nuestros mares y modificando su régimen de corrientes. En especies como los cetáceos, cuyos ciclos de vida se han acoplado durante miles de años a unas condiciones relativamente estables, los cambios que se avecinan tienen consecuencias impredecibles. Por si fuera poco algunos expertos certifican que la interactuación con la actividad humana (por ejemplo a través de las gaviotas que se alimentan en los vertederos cerca del mar) pueden generar virus y nuevas enfermedades en distintas especies (cosa que tienen en común con los seres humanos).

Todavía estamos a tiempo de parar las peores consecuencias de estos impactos sobre los cetáceos. En primer lugar apoyando la lucha contra el cambio climático y la contaminación de una forma coherente y decidida, tanto desde el punto de vista personal como político. Cada decisión personal tiene una consecuencia a nivel global en múltiples aspectos, de ahí la importancia de nuestras propias formas de consumo y de nuestra capacidad como sociedad para presionar a nuestros gobiernos. #NoHayUnPlanetaB

La nueva economía en tiempos de pandemias

El Siglo XXI ha sido una continua aparición de distintos virus y pandemias. Mediante una combinación de acción rápida y buena suerte, ni el SARS en 2002, ni la gripe porcina en 2009, ni el ébola en 2014 terminaron siendo pandemias completas ni han generado el caos sanitario y socio-económico que ha generado el actual Covid19. Muchos expertos han venido avisando desde hace años que el mundo no estaba preparado para una pandemia global en forma de gripe transmitida por el aire, desde el Centro Nacional para la Preparación ante Desastres en la Universidad de Columbia (desde 2004) hasta repetidas charlas del afamado Bill Gates desde 2015.

Ni la ONU (que desoyó en 2011 una iniciativa mundial llamada Preparación contra la gripe pandémica de la OMS) , ni los gobiernos de los grandes estados del mundo le han dado prioridad a este tema durante estas dos décadas, y no han puesto la financiación realmente necesaria para estar preparados ante una situación de este tipo, así que no es extraño que para el común de la población esta preocupación, entre otras cosas por nuestra natural tendencia al optimismo tecnológico y sanitario, no estuviera en la cabeza de nadie.

La epidemia global del Coronavirus llega en un momento en el que Europa esta inmersa en una crisis política y económica, con un proceso creciente de deslegitimación de sus élites políticas y empresariales, sumida en contradicciones internas (Brexit, conflictos internos como Cataluña, Escocia, inmigración, auge de populismo anti-europeista,…) y con un desarrollo productivo que no termina de encontrar su hueco en medio de la guerra comercial y económica abierta entre EE.UU y China.

Esta situación de parálisis con el confinamiento de millones de personas ha demostrado que los Estados y unos ciudadanos informados y concienciados (entre otros, por los científicos) pueden modificar pautas socio-económicas que mejoren la otra gran “pandemia”, el cambio climático, que lleva anunciándose desde al menos los años 50 y la estrategia del poder ha sido ocultarlo y negarlo, supeditando al mantenimiento de sus negocios el desahucio de gran parte de la humanidad y del planeta. Es la lógica del sacrificio. Cualquier cosa que ponga en riesgo los beneficios es silenciada o atacada. Esta lógica presenta similitudes importantes con discursos de estos días con respecto al Covid19 que hemos visto en jefes de Estado, curiosamente de distintas procedencias ideológicas, desde Boris Johnson o Trump (y algunos de sus gobernadores) hasta Obrador (en México), donde se priorizaba el interés económico a la defensa de la salud de la ciudadanía.

Los gobiernos del mundo entero deberían aprender de esta pandemia para poder modificar aspectos que nos ayuden para un cambio civilizatorio que evite o modere futuras consecuencias del cambio climático y de virus globales.

En primer lugar que un decrecimiento colaborativo y coordinado (como el que hemos realizado en este confinamiento) paraliza la contaminación de forma evidente. Es posible, aunque suene extraño, que esta reducción global de la contaminación haya salvado también vidas. El frenazo en el desarrollismo ha supuesto un respiro para todo el planeta y habría que analizar que sectores productivos deben ser regulados y/o intervenidos para hacer que la economía global no genere un “suicido planetario”. Los problemas medioambientales ya son demasiado graves y tenemos un amplio abanico de soluciones que tenemos que aplicar de forma urgente.

Este virus ha servido para tomar conciencia de que viajamos demasiado y de que es posible viajar menos. Millones de vuelos han sido cancelados y la humanidad no ha percibido graves efectos más allá de inconvenientes económicos a minorías y territorios. Tenemos que replantearnos el turismo y las relaciones profesionales. Con virus o sin virus, deben evitarse los viajes en coche o avión que sean prescindibles. La aviación es el tipo de transporte más contaminante jamás inventado. Un viaje en avión produce 20 veces más dióxido de carbono que un viaje en tren. Sin duda hay actividades y territorios, como Canarias, que deberían ser una excepción a esta regla, pero los gobiernos deben plantearse de forma exhaustiva y valiente el desarrollo de políticas restrictivas en este ámbito. No es viable para este planeta el puente aéreo Madrid-Barcelona existiendo una alternativa como el tren como tampoco es viable coger el coche para un trayecto en ciudad baja de Las Palmas de GC de 5 ó 6 km.

Fuente: Lee/Fahey et al. 2009. UBA Deutchland 2016. UBA Osterreich 2016.

Las nuevas tecnologías nos ofrecen mecanismos para trabajar desde nuestros hogares, evitando pérdidas de tiempo y contaminación. Hasta el gobierno español ha hecho videoconferencias (con los presidentes de las distintas comunidades) ahorrando también dinero público. Toma consistencia un discurso que antaño parecía sindical pero que ahora torna como una idea de sentido común, la reducción de la jornada laboral. Esta reducción es algo positivo para las personas y el planeta y no tiene que ser necesariamente algo negativo para las empresas. Lo importante no es estar presentes en el lugar de trabajo muchas horas sino cumplir objetivos.

Desde luego hay sectores del empleo que son muy importantes (sanidad, educación, redes eléctricas, transporte colectivo,…) pero otros son prescindibles o directamente perjudiciales. Debemos hacer una transición sensata a una economía verde (Green New Deal), potenciando los sectores de valor colectivo desde lo público, lo cual nos garantiza una respuesta controlada e igualitaria ante los contratiempos que nos pueden llegar. La transición debe ser obligatoria. Nosotros podemos decidir si hacerlo ordenadamente, o hacerla cuando un colapso ecológico nos obligue de forma nada pacífica o tranquila. Estoy convencido que las grandes empresas pueden mostrar esa solidaridad y mirada a largo plazo no sólo con la crisis actual sino también con el futuro del planeta.

Para todo esto es necesario también darle capacidad al estado para levantar las restricciones de gasto público que hasta la actualidad han encorsetado a la administración y eliminar la norma que imposibilita que el BCE preste dinero a Estados (Art. 104.1 del Tratado de la UE).

Es evidente que el impacto en la economía del Covid19 será muy fuerte, pero a la vez una oportunidad única para reformular muchos planteamientos desde la economía verde (fomentar la agricultura ecológica, el turismo local, reformular el modelo laboral, quitar privilegios a ciertos sectores,…). No sin olvidar que las pequeñas empresas y los más vulnerables deben ser ayudados ante estos cambios por los gobiernos.

En ocasiones se ha conseguido implantar en la cabeza de mucha gente que el interés de los dueños de las grandes multinacionales y fondos de inversión es lo mismo que el interés general, pero debemos entender que ha llegado el momento del cambio y que una de las grandes lecciones que debemos aprender de todo esto es la humildad colectiva. Los seres humanos somos vulnerables y la tecnología no resuelve todos los problemas. Algunos de esos problemas que resuelve la tecnología requieren grandes cantidades de energía y materiales. Cuando no tengamos acceso a ello, las soluciones tecnológicas no estarán disponibles. Actuar unidos, con solidariadad y con sensatez es el mayor poder del ser humano, en cualquier contexto y en este en concreto de pandemias contra los humanos y su planeta, mucho más.

Publicado en el períodico La Provincia el 28 de marzo de 2020

El peligro de la extinción cuasi total. Estamos a tiempo

La situación de la biodiversidad en nuestro planeta es de auténtica emergencia, y en concreto de las especies más visibles a primera vista, los animales. Según datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, uno de los organismos internacionales más acreditados sobre la materia, en torno a más de 5.000 especies de animales se encuentran en peligro de extinción en la actualidad. En esa nefasta lista hay más de un 10% en aves, el 20% de los reptiles, el 34% de los peces y 25% de los anfibios y mamíferos. Unas cifras espantosas que tienen su plasmación en Canarias con especies como el Chorlitejo patinegro, el Cuervo canario, el Lagarto gigante, el Pinzón azul o el Guirre (cuya foto se puede ver en este post).

Las razones como casi todo en la vida son múltiples y pueden resultar tremendamente particulares para cada especie, pero en líneas generales, entre las mayores amenazas se encuentra la destrucción y fragmentanción de sus hábitats; el cambio climático; la caza y el tráfico ilegal; y la introducción de especies exóticas e invasoras.

Lagarto Gigante de La Gomera

Todavía estamos a tiempo de parar este desastre. En primer lugar apoyando la lucha contra el cambio climático y la contaminación de una forma coherente y decidida, tanto desde el punto de vista personal como político. Además, evitar que una especie desaparezca implica la puesta en marcha de una gran cantidad de recursos y acciones concretas. Algunas de ellas serían evitar la fragmentación de sus habitats, por ejemplo la deforestación; perseguir y castigar con dureza la caza ilegal y el tráfico de especies; la creación de reservas naturales; o el fomento de programas de reproducción, reintroducción y de mejora genética. Cada decisión personal tiene una consecuencia a nivel global en múltiples aspectos, de ahí la importancia de la concienciación social de la población y de nuestra capacidad como sociedad para presionar a nuestros gobiernos y a nuestras grandes empresas. #NoHayUnPlanetaB

Las Greta, los Bardem y las eternas excusas

En los últimos meses hemos presenciado un ataque de una parte de la población a personajes que hacían de mensajeros contra el cambio climático, como Greta Thunberg, Javier Bardem o Alejandro Sanz. El principal argumento de ese ataque es la incoherencia en su vida cotidiana de estos personajes publicos con respecto a las ideas que defienden. No voy a entrar aquí a valorarlos, ya que seguramente están plagados de contradicciones, como casi todo el mundo, por otra parte. Lo que sí me parece asombroso es que alguna gente sienta la necesidad de usar esas contradicciones para poner en duda la lucha y las movilizaciones contra el cambio climático.

Así es como he escuchado comentarios en la calle del estilo: “ Bardem tiene un Jet privado, asi que yo también puedo ir contaminando con mi 4×4 o mi deportivo”. Excusas, excusas, excusas. Todas viejas y conocidas. Ahora se llaman Bardem o Greta, y tiempo atrás se sacaban a relucir otras contradicciones. Se podían oir opiniones como estas : “no sé si el ayuntamiento o el gobierno recicla bien, así que para que voy yo a reciclar en mi casa”. Me suena todo a excusas, de distinta índole pero al fin y al cabo, la misma forma de autoexculparse.

Es evidente que la lucha contra el cambio climático no es sólo una cuestión de coherencia personal, los que más responsabilidades tienen (los gobiernos y las empresas) deben moverse y dar ejemplo, sin embargo, cada ciudadano debe ser coherente y no esconderse detrás de estas y otras excusas. Y si los mensajes de Bardem o Greta sirven para que más jóvenes y más personas en todo el mundo tengan más en cuenta esta problemática en su vida cotidiana, bienvenidos sean. Dejemos atrás las eternas excusas, para hacer cambios en nuestra vida cotidiana, seguir presionando a gobiernos y empresas y que el planeta tenga una oportunidad real. Somos la primera generación que es consciente de que vivimos en una situación de emergencia y es bastante probable que seamos la última que tengamos la capacidad de cambiar nuestra destructiva relación con la Tierra #NoHayUnPlanetaB