En 2020, la bici será una realidad atractiva

Crecí y pase mi adolescencia en una Canarias donde todos mis amigos, nótese el masculino, querían llegar lo antes posible a la mayoría de edad. La principal razón, disponer de la capacidad de conducir y preferentemente tener un coche, a mayor cilindrada mejor. Tengo la impresión de que durante años y todavía hoy, en parte, ha sido el automóvil un símbolo de estatus y en el caso de los hombres, hasta de masculinidad.

El coche desde hace ya muchos años ha sido, y todavía sigue siendo la estrella en Canarias. Quizá porque al salir de una situación de pobreza casi en los años 80, los canarios hemos intentado mostrar nuestra nueva capacidad económica, marcando distancias con los objetos más tradicionales y lanzándonos en brazos de aquello que sólo unos pocos en el pasado podían permitirse, como los vehículos de motor, mientras que a las personas que van en transporte público o bicicleta, se les ve como a personas humildes, sin posibilidad de permitirse comprar un coche, o dicho en otras palabras, gente menos pudiente.

Los datos son contundentes, mientras en grandes ciudades europeas el ratio de coches por cada 1000 habitantes es de unos 450 como mucho, o en islas turísticas como Mallorca, es de unos 400, en nuestro Archipiélago la estadística es de más de 700 automóviles por cada 1000 habitantes, una de las más altas del mundo.

Yo no tenía esa pulsión por tener coche a esa edad. Poco después participando en el movimiento ecologista, entable relación con otros jóvenes que no teníamos ni queríamos coche y me di cuenta de la necesidad, no sólo por cuestiones “estéticas”, sino sobre todo por razones ambientales y del futuro de las Islas, de la imperiosa obligación de ser coherentes y apostar por la movilidad sostenible.

La movilidad sostenible no significa que no se puedan o deban utilizar los coches, significa la necesidad de buscar fórmulas para el uso racional de los medios de transporte por parte tanto de los particulares como de los profesionales. Como hemos comentado, a esta “cultura pro-coche” de la población se une un modelo urbanístico donde se han construido unas islas donde la edificación de viviendas de forma dispersa y la concentración de actividades han hecho muy difícil abandonar el coche, y si a esto le sumamos que la mayoría de las administraciones no han apostado de verdad por la movilidad sostenible y por la extensión de los transportes alternativos, logramos la “tormenta perfecta” que vivimos en este Archipiélago en la actualidad. Un ejemplo de este problema es que en el reparto de movilidad en nuestra ciudad el coche casi llega al 70% de los desplazamientos y en torno a un tercio de los desplazamientos en coche que se realizan diariamente son de menos de 2 ó 3 kilómetros.

Las Palmas de GC no tiene por qué ser una excepción

Estoy convencido que esta ciudad no es una excepción, como en otras ciudades europeas o españolas, la bici puede triunfar, la bici también puede ser “atractiva” para una gran parte de la población. Pero la bicicleta no triunfará en nuestra ciudad por generación espontánea, esperando un cambio cultural, como en otras ciudades, se necesitan medidas valientes que impulsen infraestructuras y servicios que generen seguridad y comodidad al usuario.

Esas medidas valientes ya han comenzado por parte del gobierno de la ciudad en este 2019. En primer lugar la construcción de una red de carriles funcional que discurre por las vías y calles principales, esta red es bidireccional y homogénea, muy reconocible por la ciudadanía. Esta red tendrá una nuevo avance en 2020 y se sumarán también una buena red de aparcabicis. En segundo lugar, la consolidación de un sistema público de transporte de bicicletas, Sítycleta, moderno y a la vanguardia de Europa, que tiene ya después de un año de funcionamiento más de 2000 abonados anuales y unos 8.000 usuarios ocasionales (con un 25% de uso turístico). Un sistema con estaciones y bicicletas robustas que genere seguridad al ciudadano, que sabe que siempre puede disponer de bicis en las estaciones que no distan más de 500 metros, con el desarrollo de bicicletas eléctricas, que esperamos en 2020 sean una realidad que nos permita acercar este transporte a Ciudad Alta.

A todo esto hemos sumado mayores medidas de calmado del tráfico, medidas favorecedoras de la utilización de la bici con otros modos de transporte (intermodalidad) y una fuerte campaña de concienciación ciudadana y escolar, que ya ha comenzado a través del Programa “Intercombi” y que pretendemos reforzar en 2020.

En Sevilla, Barcelona u otras ciudades se ha logrado que una parte de los usuarios del coche lo dejen aparcado para “enamorarse” de la bicicleta, en unos años han pasado del 1% de usuarios de la bici hasta aproximadamente el 8 % del total de los movimientos. En 2020, espero que el coche pierda atracción y la bici sea cada vez más atractiva, cómoda y segura. De todos depende, y este ayuntamiento ha empezado a hacer sus deberes.

Artículo publicado en la Revista EnergyHub en enero de 2020.